| Tercer artículo
de la serie "Introducción a la Simulación
Sistémica".
Publicado en la revista "Learning Review", No 24,
julio, agosto y septiembre de 2008
Uso
de Simulaciones como Recursos de Aprendizaje
Este
es el tercer artículo de una serie sobre simulación.
En él veremos algunos criterios que se emplean para definir
si conviene usar una simulación sistémica como recurso
de aprendizaje, cómo elegir la simulación a utilizar
y cómo se organiza la preparación de una simulación.
¿Cuándo
conviene usar una simulación
sistémica?
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Algunos ejemplos de simulaciones sistémicas:
- Manejo de negocios.
- Evacuación de una planta industrial en caso
de siniestro.
- Acción de grupos de salvamento en un terremoto,
un derrumbe, una erupción volcánica.
- Acciones de primeros auxilios.
- Intervención quirúrgica de alto riesgo.
- Acción frente a un incidente que puede afectar
a un ecosistema.
- Programación de la producción de
una planta industrial compleja.
- Propagación de efectos en una cadena logística.
- Estudio de efectos de determinado medicamento sobre
el organismo humano.
- Dinámica de un mercado financiero.
- Distribución de aguas de riego provenientes
de una cuenca fluvial.
- Análisis de efectos sobre la productividad
de la modalidad de mantenimiento aplicada en una
planta industrial.
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Un simulador sistémico
tiene la capacidad de imitar el funcionamiento de un sistema
real, pero no explica cómo
funciona ese sistema. Sólo permite observar los resultados
de su funcionamiento en diversas condiciones de experimentación.
Por ello, una simulación para el aprendizaje de determinado
sistema no reemplaza a una explicación teórica de
las características intrínsecas del mismo, aunque
es un muy buen complemento.
En cambio, si lo que se desea es aprender experimentalmente cómo
responde un sistema ante una gran variedad de acciones, una simulación
resulta mucho más útil que una explicación
teórica. Por esta razón, el mayor valor como recurso
de aprendizaje lo tiene como medio de práctica para transformar
el conocimiento teórico en capacidad de aplicación,
es decir en competencia laboral o social efectiva.
En tal sentido, una simulación puede tener incluso más
utilidad que experimentar con el sistema real, pues permite ensayar
muy diversas condiciones en corto tiempo, sin incrementar el costo
por efecto de las cosas mal hechas, sin impacto nocivo sobre dicho
sistema y sin riesgo para quienes la usan. Incluso permite llevar
sin peligro el sistema a situación de falla, para evaluar
las consecuencias de la misma y experimentar la forma de mitigar
sus efectos y de recuperarse de ella.
Por ejemplo, no es imprescindible emplear simuladores para que
los estudiantes aprendan por qué vuela un avión,
pero sí para que aprendan a conducirlo. De hecho, los simuladores
de vuelo son los únicos medios que permiten entrenar sin
riesgo a los pilotos para actuar correcta y rápidamente
en situaciones que podrían poner en peligro a sus naves
y a los pasajeros que transportan.
En consecuencia, conviene usar simuladores de sistemas cuando
se busca que los estudiantes adquieran:
- conocimientos profundos y persistentes sobre el
funcionamiento de un sistema,
- la capacidad de hacer, no sólo el conocimiento
teórico,
- la capacidad de actuar frente a situaciones del
sistema completamente nuevas,
- la capacidad de prever las contingencias que pueden
ocurrir en ese sistema,
- la capacidad de comprender qué efectos
pueden tener sus acciones sobre los sistemas que reciben la influencia
del que tienen en estudio.
¿Qué simulación conviene
utilizar?
Por más que un simulador sea un
recurso cuya elaboración
es compleja, no es una buena práctica diseñar un
proceso de aprendizaje basándose en un simulador existente,
pues éste puede no estar dirigido al objetivo de aprendizaje.
Por el contrario, es preferible diseñar el proceso de aprendizaje
en sí y como parte de ese diseño determinar qué tipo
de simulación conviene usar, cuál será su
complejidad y de qué forma los participantes actuarán
en ella. Por ejemplo, si se quiere dar capacitación sobre
el manejo de una cadena logística es poco útil emplear
un simulador general de negocios preexistente; si se quiere dar
capacitación sobre el manejo de la complejidad de los negocios
de una empresa tiene escasa utilidad usar un simulador disponible
centrado en la mercadotecnia. Como regla general, la simulación
a utilizar tiene que estar enfocada en el sistema o proceso que
se está estudiando. Y en especial tiene que estar dirigida
a desarrollar las capacidades específicas necesarias en
las personas que la usarán.
Otro aspecto a considerar es el costo. Cuando el tipo de capacitación
que se dará se aplica a un sistema genérico (por
ejemplo, manejo de decisiones de negocios) es posible usar un simulador
preexistente, quizás con pequeños cambios, y entonces
el costo agregado por su uso es bajo. Pero si hay que diseñar
y construir un simulador completamente nuevo, según como
se haga el costo puede llegar a ser alto. Entonces adquiere muchísima
importancia la forma en que se diseñará y construirá el
simulador, pues las diferencias de una a otra en cuanto a costo
y tiempo insumido pueden ser enormes.
El tercer aspecto importante, que además incide sobre el
costo, es cuán compleja será la simulación.
La complejidad (1) es una característica de los sistemas
reales, y se origina en la multiplicidad de factores que influyen
y de interacciones entre los procesos que los forman. La dificultad
de predicción de los resultados del funcionamiento de un
sistema es consecuencia, precisamente, de esa complejidad. Cuanto
más fielmente refleje un simulador el funcionamiento de
un sistema real, tanto más complejo será. En consecuencia,
si se quiere preparar a los estudiantes para actuar en situaciones
nuevas, para comprender cómo responderá el sistema
ante estímulos que no son los habituales, para actuar inmediata
y eficazmente ante perturbaciones, se necesita un simulador de
considerable complejidad. Al definir cuán complejo será un
simulador también es importante considerar las expectativas
de las personas que lo usarán, pues si es demasiado simple
posiblemente pierdan el interés o sientan que se menosprecian
sus conocimientos.
Es muy importante no confundir complejidad con complicación.
Un simulador puede ser muy complejo, por tener una enorme cantidad
de funciones que hacen que se asemeje mucho al sistema real, y
al mismo tiempo muy sencillo de usar, sin complicaciones.
Cómo
se produce un simulador sistémico
Las
etapas principales en la producción de un simulador
sistémico son:
- Diseño conceptual.
- Diseño del modelo matemático.
- Construcción del simulador (programa de
computadora e interfaces).
- Ensayo y validación del simulador.
- Integración del simulador al ámbito
en el que se ejecutará.
La primera, que comprende la concepción básica del
simulador, consiste en describir las características del
sistema a simular. La persona que se ocupe de ello tiene que conocer
muy bien cómo es y cómo funciona ese sistema, pero
no es necesario que conozca cómo se desarrolla un simulador.
Lo importante es que sepa expresar en forma de narración
las características del sistema y los tipos de relaciones
(transformables en ecuaciones matemáticas) que existen entre
sus factores. Generalmente, esta persona pertenece a la organización
en la cual existe el sistema.
El diseño del modelo consiste en construir un conjunto
de diagramas y relaciones matemáticas que representan el
funcionamiento del sistema, preparado para aplicar determinado
tipo de simulación. Suele estar a cargo de una persona especialista
en modelización de sistemas y procesos. Generalmente, en
el caso de las empresas esta persona es una entidad externa especialista
en simulaciones.
La tercera etapa consiste en construir el software y las interfaces
de usuarios necesarias para el funcionamiento del simulador. Generalmente
de ella se ocupan programadores y diseñadores gráficos
coordinados por un especialista en producción de simuladores.
El ensayo y la validación del simulador se hacen en conjunto
entre el equipo de producción y la persona que se ocupó del
diseño conceptualel. Sirve para confirmar que el simulador
construido responde a las necesidades y funciona correctamente.
Finalmente, la integración del simulador consiste en incorporarlo
en el ámbito (plataforma de aprendizaje, red de computadoras,
etc.) donde se usará. Al completar esta etapa, el simulador
queda preparado para ser utilizado por los usuarios finales.
En el próximo artículo veremos en forma general
cómo se construye un modelo conceptual y los rudimentos
de la construcción de un modelo matemático.
(1) Para
una explicación del significado de complejidad
ver Edgar Morin, Ciurana, Motto; Educar en la era planetaria ;
Gedisa, Barcelona, 2003.
Autor: Raúl Santamarina
Ingeniero (UBA), consultor de empresas en gestión y cambio
organizacional, con larga experiencia en capacitación
aplicada al desarrollo estratégico de las organizaciones.
Director de Distance Educational Network.
Presidente de Distance Educational Network Argentina (Instituto Argentino
de Técnicas Empresariales).
Colaboración de Laura Llull
Licenciada en Ciencias de la Educación (UCA). Gerente
de Gestión del Aprendizaje de Distance Educational Network.
© Copyright Distance Educational Network,
2008
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